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Proceso

Cómo trabajamos: del diagnóstico a la operación

Cuatro fases. Empieza con un diagnóstico gratuito de 30 minutos y sigue con un piloto a presupuesto cerrado, acordado antes de empezar. La suscripción de mejora continua sólo se contrata si el piloto entregó lo prometido. En todo momento sabes en qué punto estamos y qué sigue.

01El recorrido

Las cuatro fases

Fase 01

Diagnóstico

Escuchamos tu operación, detectamos cuellos de botella y dónde la tecnología te dará el mayor retorno. Sin tecnicismos, con números claros.

Fase 02

Diseño a la medida

Definimos la solución exacta para tu caso. Prototipos, arquitectura y un plan por fases con entregables y costos transparentes.

Fase 03

Construcción ágil

Entregamos en ciclos cortos: ves avances reales cada semana. Nada de cajas negras ni sorpresas al final.

Fase 04

Lanzamiento y evolución

Implementamos, capacitamos a tu equipo y nos quedamos a mejorar el sistema con datos reales. Crecemos contigo.

02Presupuesto

Cómo se cobra cada fase

  • Diagnóstico gratuito. Media hora. Salimos con el problema priorizado y un rango de inversión, antes de que inviertas un peso.

  • Piloto con presupuesto cerrado. Alcance y precio acordados por escrito. Si cambia el alcance, acordamos el ajuste antes de continuar.

  • Suscripción de mejora continua. Solo si el piloto funcionó. Evolucionamos el sistema con datos reales, mes a mes.

03Lo que pedimos

Qué esperamos de ti

  • Una persona que pueda decidir

    No hace falta que sea técnica, pero sí que pueda decir «sí» sin consultar tres niveles. La mayoría de los retrasos en estos proyectos no son técnicos: son decisiones esperando turno.

  • Acceso a lo que ya existe

    Sistemas, cuentas y datos con los que hay que trabajar. Si nadie sabe quién tiene las credenciales, eso ya es un hallazgo del diagnóstico.

  • Media hora a la semana

    Entregamos en ciclos cortos y enseñamos avances reales. Sin alguien que los mire, el ciclo corto pierde el sentido y volvemos a las sorpresas al final.

  • Decir cuando algo no encaja

    Preferimos rehacer una semana que descubrir al final que el equipo no lo iba a usar. La mayoría de los proyectos de software no fracasan por el software.

04Nuestro enfoque

Nuestro enfoque

  • Hablas siempre conmigo

    Sin cuentas que rotan ni tickets que se pierden: la misma persona que te diagnostica es la que responde por el resultado.

  • Precios transparentes

    Alcance, tiempos, precio y entregables quedan por escrito antes de empezar.

  • Tecnología que entiendes

    Te explicamos todo en lenguaje de negocio. Las decisiones técnicas las tomamos juntos.

  • Entrega definida por contrato

    El contrato establece qué repositorios, datos, accesos y documentación se entregan, y en qué momento.

05Cuando algo se sale del plan

Cuando algo se sale del plan

Pasa, y hay tres casos con tres respuestas distintas. Si tardamos más de lo previsto haciendo lo acordado, el costo de esas horas es nuestro: el presupuesto cerrado existe justo para que ese riesgo no viaje contigo. Si aparece algo que nadie sabía, un sistema que no deja entrar o datos en peor estado del que se describió, el trabajo se detiene y te enteras el mismo día, con dos caminos sobre la mesa: recortar el alcance para caber en lo pactado, o cotizar la diferencia por escrito antes de tocar nada. Si el que cambia de opinión eres tú, es un cambio de alcance con su número y su fecha, no un favor ni una discusión. Lo que no hacemos es absorberlo en silencio: un sobrecosto callado se acaba pagando en calidad, y se descubre cuando ya cuesta caro arreglarlo.

Cómo se decide qué cabe en el piloto

Entra un proceso, no un área. El criterio de corte no es técnico ni es el presupuesto: lo que se entregue primero tiene que tener a alguien usándolo la semana siguiente, en producción y con datos de verdad. Se elige por cuántas veces al mes ocurre y por cuánta gente lo toca, no por lo interesante que sea de construir. Y se escribe con la misma letra qué queda fuera: los reportes que nadie va a abrir, la conexión que no desbloquea nada, los años de histórico que se pueden migrar después. Esa lista de exclusiones es la parte del documento que más discusiones ahorra en la semana seis. Si el alcance no cabe en un precio cerrado, se parte en dos y se ordena; lo que no se hace es cerrar un número sobre algo que todavía no se entiende.

Qué recibes al terminar, y en qué forma

El repositorio completo con su historial, no un archivo comprimido con la última versión: la historia de los cambios es la mitad de la documentación real de cualquier sistema. Las cuentas y los accesos, a nombre de la empresa y dentro de un gestor que administras tú. Y documentación corta, escrita para tres lectores distintos: quien lo va a usar, quien lo va a cambiar el año que viene y quien lo va a levantar a las once de la noche. La prueba de que la entrega sirve no la ponemos nosotros: es que otro proveedor pueda continuar sin llamarnos. Nada de esto ocurre el último día. Los accesos estaban a tu nombre desde el primero, así que el cierre no es un traspaso, es un resumen de en qué estado queda cada pieza.

Cómo se termina, sin que salir cueste caro

Una relación que sólo se sostiene porque irse es carísimo no es una relación, es una deuda. Hay tres finales posibles. Un trabajo de alcance cerrado termina con la entrega acordada, y ahí acaba. Una suscripción o una póliza corren por períodos y se cancelan conforme al contrato; la de mejora continua se avisa con un mes. O decides llevarte todo a otro proveedor, y entonces no hay nada que devolver porque el código y los accesos nunca dejaron de ser tuyos. Lo que sí conviene acordar antes de cortar son tres cosas fáciles de olvidar: quién queda a cargo de lo que estaba vigilado, qué se apaga y en qué orden, y qué servicios de terceros van a seguir cobrando a tu nombre. Esa última lista es la que suele descubrirse meses después, en un estado de cuenta.

Cuando desapareces dos semanas

Ocurre: llega la temporada, una auditoría o una urgencia del negocio, y de tu lado no hay nadie. Lo primero es lo que no hacemos, que es seguir construyendo a ciegas. Se termina lo que no depende de ninguna decisión tuya, se escribe en qué punto queda cada pieza y el proyecto se pausa con una fecha para retomarlo. El motivo es concreto: un proyecto que avanza sin quien lo valide va acumulando decisiones que tomamos nosotros, y esas son justo las que después nadie quiere usar. La pausa tiene un costo y conviene decirlo: se pierde contexto, las prioridades cambian y a la vuelta hace falta una sesión para recuperar el hilo. Por eso una pausa declarada sale mucho más barata que dos semanas de silencio.

Qué es y qué no es un cambio de alcance

Un cambio de alcance es algo que no estaba escrito y ahora hace falta. Se procesa así: se detiene sólo lo afectado, se sigue con lo que no depende de eso, y llega por escrito con su precio y su fecha nuevas antes de que nadie toque nada. Puedes aceptarlo o descartarlo, y descartarlo no cuesta nada ni deja el proyecto a medias, porque lo pactado se entrega igual. No es un cambio de alcance un error nuestro: eso lo arreglamos sin cobrar. Tampoco lo es aclarar algo que quedó ambiguo en el documento, porque escribirlo con claridad era nuestro trabajo. Un precio cerrado sólo significa algo si la lista de lo excluido significa algo, y por eso esa lista es la parte que más se lee.

Cuando el piloto no funciona

Conviene separar tres cosas que suenan igual. Una: no entregamos lo acordado. Eso es nuestro, se termina o se ajusta sin cargo, y no abre una conversación de dinero. Dos: entregamos lo acordado y aun así no sirvió, porque el proceso elegido no era el que más dolía o porque el equipo no lo adoptó. Ahí no hay suscripción y hay que mirarlo de frente: si la elección del proceso fue nuestra recomendación, lo decimos con esas palabras. Tres: decides parar a mitad. Te llevas lo construido y los accesos, que nunca dejaron de ser tuyos. Separar el piloto de la suscripción existe precisamente para esto: para que equivocarse cueste un piloto acotado y no un año de cuotas.

06Dudas frecuentes

¿Con quién hablo el día a día mientras corre el proyecto?
Conmigo, y por el canal que tu equipo ya use. Cuando ayuda, el especialista que está ejecutando entra a la conversación técnica para no jugar al teléfono descompuesto contigo en medio. Lo que no pasa es que te muevan de una persona a otra: las decisiones y los compromisos se cierran siempre en el mismo sitio.
¿Se puede pausar el proyecto y retomarlo más adelante?
Sí, y es mejor pausarlo a propósito que dejarlo languidecer. Se cierra lo que no depende de ti, se documenta el punto exacto y se acuerda una fecha de retoma. A la vuelta hay una sesión corta para recuperar contexto. Si la pausa se estira, conviene revisar prioridades antes de seguir: puede que el proceso que dolía ya no sea el mismo.
¿Quién decide cuándo una fase está terminada?
El criterio de aceptación, escrito antes de construir. Terminado no es lo que nosotros digamos ni una sensación: es que la lista acordada se cumpla y que alguien de tu equipo lo esté usando con datos reales. Si algo de esa lista no se cumple, la fase sigue abierta aunque el calendario diga otra cosa.
¿Lo que quedó fuera del alcance se cotiza después o se olvida?
Queda anotado con su motivo, que es lo que permite retomarlo sin volver a discutirlo. Cuando quieras entrar ahí, se cotiza como un proyecto pequeño con su propio alcance. Muchas de esas líneas envejecen bien: al cabo de unos meses la mitad ya no hace falta, porque el problema que las pedía se resolvió por otro lado.

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