Mini-diagnóstico
¿Qué te conviene automatizar primero?
¿Qué parte de tu operación te quita más tiempo hoy?
02Cómo funciona
Qué hace con tus respuestas
- Qué preguntamos y por qué
- Las siete preguntas no son un test de personalidad: cada una corresponde a una señal que cambia el orden de lo que conviene automatizar. Qué parte de la operación consume más tiempo, cuántas personas la tocan, cuántas herramientas hay que no se hablan entre sí, si el proceso depende de que alguien concreto esté disponible, y con qué frecuencia se repite. Un proceso diario que sabe hacer una sola persona sube al primer lugar aunque cueste más que otro más caro y más raro.
- Qué sale al final
- Un informe con tres cosas: qué automatizaríamos primero y por qué, en qué orden vendría el resto, y qué esperar de la primera fase en tiempo y en alcance. No sale un presupuesto: el número exacto depende de cuántos sistemas hay que conectar y en qué estado están tus datos, y eso no se ve en siete preguntas.
- También puede decirte que esperes
- Si tus respuestas describen un proceso que cambia cada semana o un volumen que una persona despacha en diez minutos al día, el informe lo dice. Automatizar eso sale caro y se amortiza mal. Preferimos decirlo aquí, gratis, que después de firmar.
- Cómo llevarte el informe
- Dos formas, y las dos dependen de ti: imprimirlo en PDF desde el navegador, con su propia tabla pensada para imprimir, o mandártelo por WhatsApp — lo envías tú, así que queda en tu conversación. No hay correo automático: si dejas tus datos, te escribe una persona.
03Dudas
Preguntas frecuentes
- ¿El diagnóstico sustituye a un presupuesto?
- No. Es un orden de prioridades hecho con tus respuestas. Un presupuesto lleva alcance, plazos y firma; esto lleva siete preguntas. El número sale del diagnóstico de 30 minutos, que también es gratuito.
- ¿Guardan mis respuestas?
- El informe se arma entero en tu navegador. Tus respuestas sólo llegan a nosotros si decides mandarlas al final, y entonces llegan porque las mandas tú, junto con tu mensaje.
- ¿Tengo que dejar mi correo para ver el resultado?
- No. El informe se muestra completo sin pedir nada. Los datos se piden sólo si quieres que alguien lo revise contigo.
- ¿Y si no sé contestar una pregunta?
- Elige la opción más cercana o «otra cosa». El informe pierde precisión, no validez: sirve para saber por dónde empezar a mirar, y lo que no quede claro se aclara en la llamada de 30 minutos.
- ¿Cuánto tarda de verdad?
- Un minuto si sabes cómo trabaja tu equipo. Son siete preguntas de una sola respuesta, sin campos abiertos hasta el final.
- ¿Qué pasa después?
- Nada, salvo que tú quieras. Puedes quedarte el informe y no volver. Si prefieres revisarlo con alguien, el formulario del final manda tus respuestas ya resumidas, así que no hay que repetir nada en la llamada.
05Qué pasa en esa media hora
Las preguntas que un formulario no puede hacer
Un formulario ordena lo que ya sabes contar. La media hora sirve para otras cuatro cosas que no caben en una opción de lista. La primera: enséñame cómo lo haces hoy. Compartes pantalla y recorremos un caso real de principio a fin, porque lo que se ve nunca coincide del todo con lo que se cuenta. La segunda: cuántas veces al mes ocurre y cuánto tarda cada vuelta. Sin esos dos números no hay prioridad, hay opiniones. La tercera: qué pasa cuando el caso es raro, quién lo resuelve y con qué criterio, porque ahí vive buena parte del trabajo y casi nadie lo menciona en la primera frase. La cuarta: qué te prohíbe algo. Información que no puede salir, un cliente grande que audita a sus proveedores, un cierre de mes intocable. Eso cambia la solución entera y no se descubre solo.
Qué sale de la media hora y qué no
Sale el proceso priorizado con el motivo escrito al lado, un rango de inversión, una idea del plazo de la primera fase y qué haría falta de tu lado para arrancar. No sale un presupuesto que se pueda firmar: eso pide alcance cerrado, plazos y firma, y llega después. Tampoco sale el diseño de la solución ni una demo construida para ti; ninguna de las dos se hace en 30 minutos y ofrecerlas de regalo sería sospechoso. Y no sale un compromiso: la conversación puede terminar en que lo resuelves sin nosotros, y te lo diremos ahí mismo. Una advertencia que te va a servir con cualquier proveedor: si alguien te da un precio exacto para un proceso que no ha visto funcionar, ese precio es un número redondo con adornos, y lo vas a pagar más adelante en cambios de alcance.
Cómo aprovechar los 30 minutos
Trae un solo proceso, el que más duele. Con uno mirado a fondo se decide mejor que con seis por encima, y los otros cinco siguen ahí la semana que viene. Trae un número aproximado de volumen, aunque sea de memoria: cuántas facturas, cuántas solicitudes, cuántos pedidos al mes. Trae a la persona que hace el trabajo, no sólo a quien lo dirige, porque la versión del que ejecuta tiene los pasos que nadie escribió. Ten a mano los nombres de los sistemas que están en medio, aunque no sepas si dejan entrar desde fuera. No hace falta un documento de requerimientos, ni saber qué tecnología quieres, ni tener el proceso ordenado: si ya estuviera ordenado, probablemente no harías esta llamada.
Si la conclusión es que no nos necesitas
Ocurre, y se dice en la misma llamada. Hay tres versiones de ese no. Una: lo que necesitas ya existe comprado y hecho, cuesta una fracción y te decimos cuál mirar y qué revisar antes de pagarlo. Dos: el proceso todavía cambia cada mes, y levantar algo encima de lo que aún se mueve se acaba pagando dos veces; la recomendación es esperar, y qué observar mientras esperas. Tres: el problema no es de software. Nadie captura, o dos áreas hacen lo mismo de dos maneras distintas y nadie ha decidido cuál gana. Eso no lo arregla un proyecto, lo arregla una decisión tuya. En los tres casos te quedas con la priorización, que es lo que valía la media hora. Y si prefieres que no te volvamos a escribir, lo dices y no se vuelve a escribir.
Lo que no se puede saber en media hora
Hay cuatro cosas que sólo se ven metiendo las manos. Si el sistema deja entrar de verdad: una puerta que existe en el folleto del fabricante puede no existir en tu versión, o depender de un permiso que sólo concede tu proveedor. En qué estado están los datos: eso se comprueba abriendo la tabla, no preguntando. Cuántas excepciones vivas hay: se cuentan revisando los casos del último mes, y casi siempre son más de las que nadie recuerda. Y si tu equipo va a usarlo, que nadie contesta con sinceridad en una llamada con su jefe delante. Por eso de la media hora sale un rango y no un precio: lo que estrecha ese rango es revisar accesos y datos, en ese orden, antes de cerrar cualquier número.
Cuándo hace falta una segunda conversación
Cinco señales la piden. Aparecieron dos procesos y ninguno gana con claridad. Quien puede autorizar no estaba en la sala. El sistema que está en medio pertenece a un tercero con el que hay que hablar. No hay número de volumen y sin contarlo antes no se puede priorizar nada. O salió una restricción que cambia la solución entera, del tipo de información que no puede salir o una auditoría encima. La segunda no es la misma reunión con más gente: lleva tarea de por medio, casi siempre repartida entre tú y nosotros, un dato que hay que contar, un acceso que hay que localizar, alguien a quien hay que sentar. Sin tarea no hay segunda llamada, porque no aportaría nada nuevo.
Qué pasa con lo que cuentas ahí
Se trata como confidencial, y eso incluye no publicar el nombre de un cliente, capturas de su sistema ni cifras de su operación sin autorización por escrito. La prueba está a la vista en este mismo sitio: los dos trabajos publicados van sin una sola cifra de resultado, precisamente porque no las tenemos autorizadas. Si necesitas un acuerdo firmado antes de contar nada, se firma antes de la llamada y no después. Y va una recomendación práctica que casi nadie hace: para esta conversación no hace falta que saques datos reales de tus clientes. Con los nombres de los sistemas, los volúmenes aproximados y una captura con lo sensible tapado se decide exactamente igual, y así hay menos que cuidar luego.
06Dudas frecuentes
- ¿Puedo llevar a más de una persona a la llamada?
- Sí, y con dos suele rendir más: quien puede autorizar y quien hace el trabajo todos los días. La segunda aporta los pasos que no están escritos en ninguna parte. De cuatro personas en adelante empieza a estorbar, porque la conversación se vuelve una junta y ya nadie cuenta cómo se hacen de verdad las cosas.
- ¿Se puede hacer el diagnóstico sin darles acceso a nada?
- Sí, y así es como se hace. En esa media hora no se pide ninguna credencial: se habla, se mira una pantalla si tú la compartes y se decide el orden. Los accesos aparecen sólo si resuelves seguir, acotados a lo que el trabajo necesite, con nombre propio y revocables por ti en cualquier momento.
- ¿Sirve si todavía no tengo presupuesto aprobado?
- Es el mejor momento para tenerla. Sales con un rango de inversión y con el proceso priorizado, que es material con el que se pide un presupuesto por dentro sin adivinar cifras. Muchas conversaciones internas se atascan porque nadie sabe si hablamos de miles o de cientos de miles, y eso se resuelve en media hora.
- ¿Y si ya tengo proveedor y sólo quiero una segunda opinión?
- Adelante, con una advertencia que es mejor decir antes: si tu proveedor lo está haciendo bien, te lo vamos a decir. Y si el problema no es él sino qué se le pidió, también. Sale gratis, no obliga a nada y, cuando la conclusión es que se queden como están, esa también es una respuesta útil.